La huelga de 1972

Me pide el amigo Juan Antonio que escriba sobre nuestra huelga del 72.

Cuando comento con mis hijos su vida estudiantil y lo que a veces aguantan; me acuerdo y me refiero a algunos recuerdos y sobre todo a los años 70 en que creo que empezamos sin saber la mayoría qué queríamos; pero que lo que había no nos valía.

Entre ellos se encuentra la huelga del 72 en la UNI. Quizá lo que caracterizaba aquella juventud es la rebeldía que ahora se ha transformado en conformidad.

Sin divagar más: cuando enjuiciamos la etapa que ahora viven nuestros hijos y la criticamos sin mesura, yo pienso que algo tendremos que ver nosotros en ella y mereceríamos hacer más una autocrítica que una crítica; además nosotros también nos salimos bastante del “parchís” y aquí estamos dirigiendo el mundo, o lo que nos dejan.

Pero yendo a lo que nos interesa, diré que voy a ser lo más aséptico posible en el recuerdo de aquellos momentos, que espero evoquen otros compañeros para ver con más claridad qué pasó.

Las vivencias de aquella huelga que yo recuerdo empiezan con la documentación que está expuesta a “multicopista” en cosas antiguas y que no vale la pena repetir.

Todo comienza con una serie de reivindicaciones que como laborales y becarios siempre nos tocaba ensayar  y superar con creces; mientras otra gente que por vivir en ciudades grandes o el capital familiar se lo podía permitir. (Los pueblos de entonces tenían como sabemos grandes carencias).

Creo que aparte de esto el régimen disciplinario en muchos casos era excesivo. Pero sobre todo y con los años y la experiencia sindical (ahora desde la barrera), hubo gente más formada en los avatares “revolucionarios” que a Diós gracias  nos guió para que de alguna manera las cosas a largo plazo cambiaran algo.

No en vano la dictadura empezaba a hacer aguas por algunos lados. Lo cierto es que la información era nula y los medios propios para captarla no existían.

Las vivencias de aquellos días, mezcladas con el miedo, fueron las de creer que mejorábamos nuestra situación estudiantil y sobre todo de disciplina, comidas…

Recuerdo a los jefes de aula reunirnos por las noches, escapando de los dormitorios hasta la piscina de riñón escondiéndose hasta llegar; las asambleas de día en los campos de deporte, con la secreta típica de las películas americanas detrás de los árboles. Soportar las presiones diarias para asistir a clase, para con ello romper la huelga y movilización.

Y recuerdo como a pesar de lo que suponía el irse a casa sin saber si volverías, perdiendo la única oportunidad de estudiar que tendrías en tu vida, nos fuimos contentos por la honra de haber mantenido hasta el final los postulados que crearon la movida.

En casa fue un martirio tener que explicar a unos padres que sacrificados habían depositado esperanzas en tus estudios; padres que en la mayoría de los casos eran peones no cualificados y con más miedo si cabe que nosotros por las experiencias propias, la postura que habías tomado y en contrapartida las cartas del rectorado.

La vuelta fue una liberación por ver qué había cambiado: poco, y desde entonces siempre recuerdo la promesa no cumplida por nuestra parte, que fue dejar que expulsaran a varios compañeros, no volvieron. Es una deuda creo que tenemos con ellos.

Recuerdo en el pueblo que vivía preguntar la Guardia Civil a mis padres y a mí, de manera no oficial, sobre estos hechos.

La culpa al final como siempre en este país fue de los “comunistas” (no se si también de los masones).

Creo con el paso del tiempo que aquello fue una gran lección personal y que tuvimos bastante “suerte” de la creciente inconformidad de los españoles, pues nuestra movida fue una más de las que con el tiempo te enteras que hubo: Aucorsa tuvo una de diez días ese mismo año, la primera después de la Guerra Civil, Michelín, etc; de ahí pienso que la represión y el castigo fue menor de lo que algunos hubieran deseado.

Si sumamos que el año anterior estaba activa la ley de excepción, recordaremos que al bajarse del autobús en Colón no podíamos ir más de tres juntos, cuatro era sedición. A algunos ya nos llamaron al orden la poli.

No quiero crear opinión de esta colaboración, aunque la tengo, y aún más concienciada después de las experiencias sindicales en tiempos más tranquilos.

Cuando se sacaba el tema este entre los compañeros, yo no recuerdo a nadie que estuviera ni concienciado ni siquiera que fuera partícipe en los escritos ni hechos, sólo creo que aprovechando la inquietud se movilizó a estudiantes que creyeron que los objetivos eran los escritos; pero sinceramente creo que el trasfondo que se buscó fue mucho mayor.

Nos cabe haber participado, aún sin saberlo, a cambiar algo la tranquila sociedad cordobesa  de aquellos tiempos; aunque siempre se preció de tener latente la disconformidad.

Espero que compañeros más avezados y de promociones anteriores abunden en el tema y den más luz a una de las primeras movidas estudiantiles, la primera en Laborales.

Un saludo

José Santofimia

 
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